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San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina

viernes, 20 de marzo de 2009

“Dios es amor”, es decir, ninguno de los dos existe

Esta nota nada tiene que ver con Dios, va dedicada, por las vísperas, pura y exclusivamente al amor (además de no haber superado aún el “síndrome de la mala nota” causada por mi nota anterior). Probablemente muchos de ustedes no estarán de acuerdo con mi planteo aquí, como pasó en mi nota anterior, pero intento nuevamente introducir a los aventureros que se dispongan a abrir su mente, a nuevas concepciones de cosas cotidianas.

El “te amo” ha perdido seriedad, o mejor dicho, se ha popularizado desde el surgimiento de la comunicación vía texto, ya que resulta mucho más fácil para personas que se atraen, escribirlo que decirlo (y esto es un círculo vicioso ya que en cuanto más se usa más se desvaloriza), sin embargo, a los que no creemos en el amor en el sentido convencional de la palabra no nos afecta, pero sí nos interesa, sí nos pone a pensar: ¿Qué es ese amor cuya existencia se acepta dogmáticamente?¿existe en realidad o es nuevamente poner nombre a algo para simplificarlo de igual manera que se hace con Dios? Y si es así, ¿Qué es ese algo que simplifica la palabra “amor”?

Ejemplifiquemos para ir llevándoles donde quiero llegar. Si cierta persona posee ciertos gustos musicales, cinematográficos y literarios (como ser que le guste Néstor En Bloque, Bañeros Súper Poderosos y los libros le resulten excelentes pisapapeles), al encontrarse con una persona de iguales gustos se sentirá atraída; interesada; motivada hacia esa otra persona. Ahora bien, hasta aquí creo que lo dicho es bastante obvio, pero analicemos qué pasa si esas dos personas (tan culturalmente agraciadas) sólo se comentaran esos tres gustos y no se comunicaran más por una semana, lo siguiente que ocurrirá será que ambas crearán en base a esas coincidencias toda una persona utópica, ideal que muy probablemente no exista (y si el aspecto físico le es desconocido, el mismo será, de igual manera, creado utópicamente), esa obsesión surgida es una de las perturbaciones que comúnmente se puede llamar “enamoramiento”.
Si vamos un poco más allá, y suponemos ahora otra persona a la cual le guste Antonio Vivaldi, Citizen Kane y Hamlet, al encontrar otra con esos mismos tres intereses (o dos… o hasta uno), creará también un sujeto imaginario, en donde, probablemente la obsesion será mayor ya que la coincidencia es menos probable.

Por supuesto, el comienzo de esa obsesión no viene simplemente dado por coincidencias en gustos o atracción física, sino también, puede ocurrir por como lo he comentado anteriormente en Acostumbrado a acostumbrarse , en donde se decía que “[…] como podría ser pensar en que el “amor a primera vista” sea probablemente un acostumbramiento subconsciente, ya sea de tipo psicológico u hormonal, a cierto estereotipo de mujer/hombre ideal”. Es decir que con esto se suman muchas otras posibilidades de surgimientos de interés (ejemplos de esto sería buscar inconscientemente una nueva pareja de aspecto similar a una anterior; el Edipo; etc.)

Sin embargo, ¿Cuánto puede durar éste enamoramiento?, es evidente que será hasta que realmente se conozcan y una de las partes descubra (éste descubrimiento tardará dependiendo del grado de obsesión que se generó inicialmente, y del que se vaya a generar después) que esas coincidencias, sean solo eso, coincidencias. O bien para el caso del aspecto físico, que la atracción desaparezca. No necesariamente será un período corto, quizás estén varios años hasta que se percaten de ello. Y, en el mejor de los casos, se irán encontrando más coincidencias, aumentando la obsesión (aumentando el “amor” dirá algún lector que hasta ahora pude convencer) hasta que, como todo, termine, ya que creo que tanto el lector que me dice que eso es “amor” como yo sabemos que el mismo no será eterno, teniendo en cuenta que nada lo es.

Y desde luego, existe otro tipo de amor, el llamado “incondicional” que es el caso del amor maternal, del amor de un hermano, del amor de un hijo. El cual ha sido también planteado anteriormente en la nota acostumbrado a acostumbrarse , y puede entenderse con el ejemplo ahí propuesto.

Quiero que se tenga en cuenta que por ésta forma de pensar, por ésta concientización de ese algo detrás de la palabra “amor”, no quiere decir que me haga (ni les haga a ustedes) ser menos capaz de querer tanto a otro como alguien que cree dogmáticamente en el amor. Esto no va con intenciones de autodefensa, sino como una ayuda para que - insisto - se permitan ustedes mismos ver las cosas de una manera diferente.

En éste caso, decidí no poner la pequeña dosis de humor al final de la nota como ya se me hizo costumbre (una forma de premiar a quienes se tomaron el trabajo de leerla entera), simplemente saludaré al nuevo y viejo lector:

Feliz día de los enamorados y que Dios los bendiga.